sábado, 20 de noviembre de 2010

Made in Puerto Rico. El red carpet.

Aquellos que piensen los red carpets son invención de Hollywood o los grandes festivales de cine europeos….¡¡wrong!! En Puerto Rico es cosa de un montón de décadas. Para tu sorpresa, empezaron en los pueblos cuando el mundo era bien diferente a este que nos ha tocado vivir.

Como contaba en otra ocasión, los pueblos tenían casinos. Cuando en estos se daban los bailes - todos de smoking, luego etiqueta - los no socios y la masa del pueblo se arremolinaban en las aceras, incluso en la calle como noveleros. ¿Recuerdas la palabra? Ya no se usa porque hoy todos somos VIP.

De regreso a novelerear (no confundir con la acción de ver novelas en la tele). La gente se apostaba en las inmediaciones del Casino para ver llegar a los invitados. Imagina la algarabía que se montaba cuando los de “afuera” se emocionaban al ver llegar a sus conocidos que iban ¡“adentro”!

En mi familia materna hay una historia que hasta al día de hoy cuando la recordamos, nos embruja igual o más que si la escucháramos por primera vez. 

Antes de la llegada de las “Misses”, entendamos Miss Universe, Miss Mundo y para de contar, existían las coronaciones. Cada casino tenía su reina, igual de carnaval. Creo que hoy sigue en el Caparra y en alguno que otro club.

Cuenta la leyenda familiar que Mami y Papi, ya casados, se preparaban para ir al baile de coronación de la reina del Casino de Coamo. Estos eran preparativos con un ritual mucho más complicado y rígido que los nuestros para las galas.

Decidir el traje que te iba a coser la modista o encargarlo a la “personnal shopper desde New York” requería más planificación y organización que la utilizada por los generales contra las guerrillas de Osama en Afganistán. 

Recuerda, tampoco había laundry. La actividad pre fiesta en las casas era vertiginosa. Las planchadoras almidonando camisas de etiqueta hasta que quedaran más tiesas que un muerto, la plancha con mucho vapor para eliminar las arrugas de la etiqueta…. Los pelos, había que hacerse los “ringlets” desde temprano para que el pelo te cogiese bien la vuelta o la muchacha con loción en mano haciendo las ondas… Imprescindible - la modista en la casa para aquellos improvistos  – un botón, un zipper, un ruedo suelto…..

Resulta que mi Tía Carmín, la más bonita de las hermanas Santini, no iba al baile de Coronación del Casino porque no tenía partner. ¡Horror! “Te vienes con Gonzalo y conmigo”, le dijo Mami. “Papá y Mamá también van. No seas boba”.

Nada, la pudo convencer. Y así, como por arte de magia, por Titi Carmín se activó el plan familiar de emergencia – corre que corre refrescando un traje largo, que si turbo con el pelo. En fin, Titi Carmín hizo su entrada al Baile de Coronación tan bella como siempre en compañia de mis abuelos, de mis padres. Era tan famosa por lo bonita que la falta de un “partner” no opacó su caminar esa noche por el red carpet de Coamo.

Todos los noveleros gritando, “Ahí va Don Quito con la familia”. Y Mami, "Ves Carmín, lo que te ibas a perder".

La reina del Casino también estaba bella porque, “Mira que Elba Emmanuelli era guapa y simpática”, siempre contó Mami. El rey, en frac, era el mismísimo Jorge Negrete, un Erroll Flynn (los George Clooney de ese entonces).

Tan pronto terminaron de coronar a la Reina Elba, algo pasó que cambió la vida de muchos. Al terminar el vals de apertura, el rey caminó hasta donde mi Tía Carmín y la sacó a bailar. Nunca regresó donde la reina. Se había enamorado perdidamente y por el resto de su vida.

Cuentan que en ese momento y como pólvora, corrió la noticia del “plantón real” cuando entre los noveleros se escuchó a Pilar, la cocinera de mis abuelos, gritar como loca, “El rey plantó a la reina por Carmín”. Vez, tras vez, tras vez.

Así la historia del noviazgo de mi Tío Renán, el rey, con mi Tía Carmín se convirtió en leyenda urbana "Coamo style". En otras palabras, es como si el Príncipe William dejara a la Kate plantada en medio de una fiesta para irse a bailar con otra. ¡Tremendo escandalito!

El red carpet de la coronación se repitió un tiempo después cuando el pueblo en pleno fue a novelerear la boda de Renán y Carmín. Otra vez repetían la historia de como la pareja se había conocido, “Es que Renán dejó plantada a la reina en su coronación  por Carmín”.

Y ¿que pasó con Elba, la reina abandonada? Sepan se casó muy bien con un médico de mucho prestigio. La vida volvió a unirla con mi Tía Carmín y Mami.  Ya casadas terminaron viviendo en el mismo vecindario. Sus hijas, mis primas y yo nos criamos juntas, amigas al sol de hoy, y siempre nos fascinó repitieran mil veces la historia del “plantón real”.

¿Te imaginas esta historia hoy? Noooooo, imposible. Los red carpets de esta época son muy diferentes. Ya no hay noveleros. Todos están adentro.

jueves, 18 de noviembre de 2010

"Life was like a box of chocolates. You never know what you're gonna get." Forrest Gump

Detesto los chocolates, hasta el olor me molesta.

Esto no significa que de niña no me fijara en las muchas cajas de chocolates que recibían mis abuelos por las fiestas – Navidad, Reyes, cumpleaños, santo, día de Madres, Padres. Ellos tenían ahijados por las cuatros esquinas del pueblo y campo.  Las cajas de chocolates, eran el regalo perfecto - accesible a bolsillo y siempre bien recibido.

La caja de Whitman de dos pisos, era mi favorita. El mapa con la descripción y ubicación de cada chocolate era mi tablón de ajedrez. Imaginaba los empleados de la fábrica montándolas y yo, en silencio y a escondidas, moviéndolas cual peón tras la reina.

Esto en realidad tenía un solo propósito - salvaguardar el único que me gustaba – el de la avellana adentro. Venía tanta visita que las estrategias eran imprescindibles. Rezaba porque les regalaran muchas cajas de Brach’s con sus infames chocolates rellenos de cherry. Las detestaba con pasión y con muchas, las posibilidades se comieran mi chocolatito con avellana era menor. 

Otras de mis cajas favoritas eran las de cintas satinadas y mucho dorado. Como adjetivo, “tacky” se quedaría corto. Lo mejor, traían una grandísima y desproporcionada flor – de plástico, por supuesto – en el mismo centro de la caja. En aquel entonces me parecía hermosa y mejor aún, nunca moría. Perfectas para coleccionar.

Habían varios modelos - cajas alargadas de un piso, o redonditas y de dos. Mami y mis tías las miraban con desprecio porque no eran Fanny Farmer o Schraft’s, los chocolates chic de los late 50’s. ¡Los únicos que comían! Nunca más de uno. Disciplina espartana.

Además, para ellas todo lo que no era de 5ta (la avenida en NYC) no servía. Por supuesto, estos de chic ¡nada!

Mis objetos de admiración los vendían en la Farmacia Anselmi, la más importante en Coamo y frente a la plaza del pueblo. Ofrecía la mayor selección y el display, siempre al lado de la fuente de soda. La excusa de llevarme a tomar un “blackout” era mejor que decir que quería ver las cajas nuevas. No podía arriesgarme a que una vez más me regañaran con el consabido - “¿de dónde esta niña saca tan mal gusto? Son horrorosas”.  Eran mis obras de arte. Y la Farmacia Anselmi, el mejor museo de mi infancia.

Un día de Madres, aunque pudo haber sido Padres, alguien se comió el único chocolate que me gustaba. Llorando y protestando me quedé con la fiesta. Me castigaron por haber hecho un show frente a la visita. “Nena, dijo mi abuelo, tu eres muy voluntariosa”.

Decidí vengarme de todos ellos. El pensamiento me hacía bien feliz. Desapercibida y más silenciosa que un ladrón en la noche, eché mano de la caja.  A escondidas y sola, en la esquina más lejana del patio me la comí TODA. ¡Los dos pisos!

Nadie se enteró, ninguno echó de menos la caja de chocolates. Y así, a las cinco de la tarde, iniciamos el regreso hacia San Juan.

Eran los tiempos previos a la Autopista Luis A. Ferré. Se cruzaba por la infame Piquiña con más curvas que una gitarra. El viaje duraba, al menos, 3 horas.

En la salida de Aibonito, me entró un terrible dolor de barriga. Quejosa y llorosa, dejé saber no me sentía nada bien. “Gonzalo, para el carro que esta niña está un poco jincha”, dijo Mami.

Entonces, parando obligados en un cafetín a la orilla de la Carrtera 1, Coamo a San Juan, empezó mi vía crucis.

No hubo suficiente limón para chupar, ni agua de soda para beber que parara mis vomiteras. “De seguro cogió un virus”, comentó Papi. “ No podemos seguir parando porque nunca llegaremos a casa”.

Asomada por la ventana, amenazada con “si me ensucia el carro la mato”, confesé. “Yo no tengo virus. Me comí toda la caja de chocolates”.  

Y así, al son de diana, a puro pescosón, sin recibir ningún consuelo de mis padres, y desidratada llegué a San Juan. Mi relación con los chocolates tuvo su final de Norma.

Hoy, si algún ex-novio lee este blog, entenderá porque nunca dije GRACIAS cuando chocolates fue el regalo que me dió.

martes, 16 de noviembre de 2010

Cambio de receta. Rush!

Dos noticias me han impactado. La primera – Time nos coloca en 3er puesto como ciudad de USA donde más gente linda y sexy vive. Hummm… La segunda, se refiere a un documental llamado “Waiting for Superman”, sobre el pésimo estado en que se encuentra el sistema educativo público, también en USA.

Esto me he puesto a pensar. ¿De verdad que aquí vive tanta gente bella y sexy? Bueno… entonces no entiendo ¿cómo vemos tanta mujer hermosa emparejada con hombres que ni fu ni fa? ¿Por qué paso tanto trabajo al momento de enviar fotos de los parties a los medios? ¿Por qué, por qué, por qué?

Sabemos las boricuas gozan de fama de mujeres hermosas.  Esto no lo cuestionamos. Siempre ha sido así, pero ¿los hombres?

Nunca he escuchado a nadie decir que los nuestros son guapos, están bien buenos, etc. Todo lo contrario. Siempre hablamos hay que aprovechar los viajes para tener “eye candy”. O ¿estoy equivocada yo?

Sí, es cierto, tenemos algún chico que otro guapuchón, se puede colar un madurito que no le va mal pero siempre como excepción, no como regla. Trato de recordar cuántas veces invoco “Hellooo 3 B”!!! como en Wedding Date. No muchas… las recuerdo todas y en su mayoría, son aves de otros parajes.

Tengo que darle un call a Arnaldo. El, que tantos shootings hace y va de gala en gala, coctél en coctél, tal vez me pueda dar las coordenadas para llegar al lugar donde se encuentra la abundancia que nos entrona como los terceros más sexy. Hay que hacer este “SOS”.

El tema de esperar a Superman como salvador de lo que sea, en este caso del sistema educativo – tema muy serio, nunca me ha tenido de fan. Yo, prefiero a Prince Charming ante cualquier super héroe.

Será mi naturaleza independiente o personalidad OCB por lo que nunca he querido a Superman. Me gusta yo resolver las cosas y a mi manera. Nunca he querido que venga ninguno a tirarme el salvavidas. Esto lo apliqué exclusivamente a Papi y porque a él le fascinaba ir resolviendo los problemas de todos en casa.

Lo que siempre he querido es un Prince Charming…pero como compañero ideal. No en corcél blanco. No me tiene que rescatar.

El príncipe que busco es para que me apoye, escuche, intercambiemos ideas para solucionar situaciones…en fin, un gran compañero para viajar por la vida. Y by the way, que avance que no me queda tantísimo tiempo…¡que llegue antes que el Alzheimer!

En este tema, me ha pasado como a San Pablo en su momento de epifanía… se han caído del caballo. Tristemente… más de uno. No bajé las expectativas, lo bajé del caballo. Quiero a Prince Charming  caminando con “los pies en la tierra”.

Luego de leer estas noticias…¿estará mi Prince Charming en el tercer lugar de USA donde más gente linda y sexy vive?

Puede ser que no lo he encontrado en Macondo ¡¡¡porque no he cambiado la receta de mis espejuelos!!!!

Te dejo. Voy a chequearme la vista… RUSH!


lunes, 15 de noviembre de 2010

El país de las maravillas. Residente.

Recibía en mi “Inbox” un email promocional que captó mi atención por el descaro con que se plagiaba un concepto.

Sí difícil es ser original, más difícil es copiarse bien. En este caso, era tremendo ejemplo de  “una boricuada” – sinónimo de barbaridad que solo los puertorriqueños podemos cometer.

Me molesta el plagio, pero más me endemonia la naturalidad con que lo hacemos a diario. Es que es más cómodo, más fácil el copiarse en lugar de dedicar tiempo y esfuerzo a la creatividad positiva, constructiva. ¡Jamás pensastes! Eso es muy duro y da trabajo. Prefiero lo fácil. Dame el “shortcut”.

Nos hemos acostumbrado a aceptar como excelente todo lo que es mediocre. Como pueblo, sufrimos de pánico al momento de criticar con razón, exigir mejor calidad, eligiendo hacernos de la vista larga. No podemos arriesgarnos a ser marginados, no invitados, a no ser miembros del grupito. Mejor callo, mejor acepto, mejor me pongo la venda.

Pregunto si por eso que cuando salimos fuera de nuestra zona de comfort no brillamos, no triunfamos. A veces conversando presumimos del éxito de tal o más cual compatriota que cosecha éxito tras éxito en el extranjero. Preferiría fuera la norma, no la excepción.  ¡Me encantaría cansarme de celebrar!

Mirando a mi alrededor veo tanto talento en infinidad de disciplinas pero no dan más flores porque la mediocridad que aplaudimos tiene fuerza colectiva.

Si prestas atención a como acostumbramos hablar, entenderás fácilmente lo que quiero decir.
Cuando decimos que una niña es bonita, siempre  “es la más bonita del mundo”, o si el chico es inteligente “es el más inteligente del mundo”, o si destaca en el deporte “es una estrella a nivel internacional”.

Aquí nadie es el mejor en nuestra isla, el Caribe o este hemisferio. En Puerto Rico siempre nos equiparamos a nivel mundial.

¿Qué ejemplo más clásico que ganar Miss Universe todos los años? 

Cuando perdemos es por culpa de una metedura de pata nuestra. El chivo expiatorio más reciente - Luis Antonio. De seguro fue el traje.  

Imposible pensar competían niñas más bonitas, más preparadas o que dieron el máximo en el momento indicado… No, la nuestra era la mejor y no ganó. ¿Cómo entenderlo? “Ella” siempre fue la más bonita del mundo.

Una vez más, miremos a nuestro alrededor. Estamos super poblados de caciques. No hay indios porque en Puerto Rico todos mandamos, nadie sigue órdenes. Somos 4 millones de jefes, nadie es empleado.

Visitamos una oficina para resolver un asunto que en cualquier país civilizado bien pudimos haberlo hecho por teléfono, via internet. “No, te dijeron, es en persona”.

Mientras esperas en fila, observa a las  personas que te van a atender. Mejor empieza a rezar.

Tratas de identificar aquel que se ve menos apestao o agriao. Llega tu turno y lo primero que te dicen es NO. El problema NO tiene arreglo, todo está bien. Para rematar, el error es tuyo, eres el equivocado. Es más fácil decir NO que tratar de ayudar. Entonces... sin remedio pides la investigación que nunca se “investiga”.

Has sido víctima de una boricuada. Tu única altenativa es empezar a llamar desde el celu a ver quien tiene una pala para resolverte.

¿Por qué no somos más exigentes? ¿Es conformismo o vagancia? Como país, nos esforzamos en fomentar la mediocridad para destacarnos con el menor esfuerzo posible.

¿Le tenemos pánico al reto, a trabajar duro, a quemarnos las pestañas?

... Noooo, es mucho más fácil vivir con Alicia en el País de las Maravillas…


sábado, 13 de noviembre de 2010

Lo dijo Pedro Navaja – La vida te da sorpresas.

Escuchaba con interés a un hombre de éxito ofrecer una conferencia. Más bien, motivadora y esperanzadora para un público deseoso de saber su historia.

La publicidad había sido efectiva. La sala estaba llena a capacidad, y se respiraba entusiasmo. La audiencia estaba compuesta igualmente por hombres y mujeres, quienes junto a los organizadores, estaban claros el orador no defraudaría.

Guapísimo como de Hollywood y con una sonrisa impresionantemente bella, sorprendió por su sencillez. Esperaba un individuo de presencia distante y tal vez arrogante. Me había equivocado. Era todo lo contrario, ¡de show!

La charla se centró no solo en la virtud de trabajar duro, sino en la importancia de identificar necesidades y sin temor, aprovecharlas para brindarles atención inmediata. Había que sentir “el dolor” del otro, expresión que usaba para identificar “necesidad de prestar servicio”. Aclaro, no era médico ni curandero de espíritu.

Compartió sus conocimientos mientras reflejaba sencillez y don de gentes. La continua mención de sus padres y cuan importante había sido el ejemplo y valores de ellos, resultaba encomiable. Fue tejiendo su historia de sacrificio, disciplina, y dedicación que no dejó a nadie indiferente. Ni a mi.

Aquel hombre llevaba una vida tan centrada en su carrera que no tenía ni un periquito. Me imaginaba su casa tan estéril como el apartamento de George Clooney en “Up in the air”. Su vida estaba centrada en el trabajo. Menos mal que nos dejaba saber continuamente el apoyo de sus padres y la “familia” profesional desparramada por el mundo. De lo contrario, lo hubiéramos querido adoptar.

La interacción directa con la audencia una vez bajado del podio, continuó. Esto permitió ver cuan cercano y accesible resultaba. Dedicó todo el tiempo del mundo a los que se acercaron deseos de saber un poco más para inspirarse a triunfar. Este hombre se merecía todo el éxito que había logrado, y mucho más.

Al despedirse fue igual de amable y respetuoso. No dejó a nadie indiferente. “Pues mira por donde, me dije, todavía quedan hombres trabajadores, educados y encima, disponibles en Puerto Rico”.

Recomendé a mis amigas no botar su “business card” ¡era un prospecto excelente! A este había que incluirlo “rush” en las listas para los parties. Excelente, “just in time for Xmas".
  
Par de días después, una amiga que organizó la conferencia me contó el resto de la historia. El hombre perfecto se derrumbó estrepitosamente.

Durante la conferencia había prestado tanta y tanta atención a los participantes que pudo identificar una chica universitaria que le entró por el ojito derecho. 

Sin encomendarse a nadie, llamó, texteó, envió emails, dio seguimiento incesamente hasta que obtuvo el nombre y entró a Facebook para hacerse su amigo. Hizo uso de las mismísimas estrategias que había desarrollado para su vida de éxito profesional vertiginoso.

Lo que se le pasó fue que en el aspecto personal, a las personas les rigen otros valores. Entre un hombre en sus “40 plus plus” y una chica de “college” hay un abismo de diferencias. Se llama respeto, decencia y dos dedos de frente.

¿Qué pueden tener en común si les separan al menos dos vidas? ¿La promesa de ven a mi casa a cenar y tomar champagne? Hellooooo, al tipo se le quemó el cerebro en alguna de la miles de cabinas “First Class” en que se ha montado.

El conferenciante de éxito, el motivador por excelencia, nos ha dejado saber bien claro porqué no tiene ni un periquito y porqué lo quieren solo sus papás. En su prisa por correr por el mundo a resolverle “el dolor” a otros, perdió la brújula y se equivocó.

Enseguida llamé a mis amigas y les dije quemaran su business card porque todo lo que brilla, definitivamente no es oro.   

jueves, 11 de noviembre de 2010

Los hijos varones y su relación con nuestros zapatos.

Muerta de risa luego de leer las ocurrencias del hijo de una amiga, había inventado una plegaria integrando a Christian Louboutin, recordé varias aventuras que Martin y yo hemos compartido con el tema de zapatos.

La nuestra es una relación simbiótica resultado de nuestro particularísimo caminar por esta vida. Sorprendentemente, acepta y entiende todas mis eccentricidades sin pestañear y se echa el mundo por montera. Como bien expresa, ¿qué voy hacer si eres mi mamá? Buen comienzo.

Las maratónicas sesiones de “shoe shopping” conmigo le han desarrollado una paciencia mayor que la de Job y una habilidad para estrategizar como encontrar el “it shoe” del season, superior a la de un general de cinco estrellas.

En búsqueda de unas ballerinas orange de Chanel, visitimos al menos 5 de las 9 boutiques en NYC. Viéndome a punto de lágrimas, obvio me moría por ellas, decidió él resolver la situación.

Armado con su I Phone, acabado de salir al mercado en aquel entonces, hizo el “search” y llamó a las restantes boutiques. “Las tienen en la de la 57 y Mami, solo queda un par y es en tu size”, gritó. Yo feliz.

Ante mi complacencia tomó la decisión de salir corriendo hacia la boutique en lo que yo “entacadita hasta las teleras” me llegaba hasta el lugar. Allí sentadito con la caja negra en mano, me esperaba.

Nada más yo entrar le dijo al vendedor, “Esta es la obsesiva de mi madre que se moría si no encontraba este zapato”.  Sin vergüenza alguna continuó, “más vale que te sirvan porque hasta aquí llego yo.”

Las conservo en su caja, con todos los papeles de seda y en sus bolsitas. Por cierto, la caja dice “last pair”.

Otra vez y mientras Michelle, su novia, trabajaba en Finanzas de Louis Vuitton, me enamoré de unos zapatos dorados con el taco en metal y con el nombre de la marca grabado. Era el “it shoe” de esa colección y yo salibaba por ellos. No quedaban en ninguna tienda, ni aparecían en el internet.

“Martin, please”, le dije, “pide a Michelle busque en el sistema todo el tiempo. Es la única forma y ella si tiene acceso.”  Una vez más con su santa paciencia para con mis peculiaridades no solo habló con Michelle, incluso le pidió socorro al jefe de ella. Me imagino no le fue fácil explicarme al francés. ¡Ni preguntar quise!

Un domingo, a las diez de la mañana, me llamó. “Mom, nos acaba de llamar el jefe de Mich. Apareció un par en el “flagship store” en 5ta.” Ambos se vistieron y en medio de una nevada garrafal, fueron en busca de mi tesoro.

“Los tengo en mis manos, Mom”, dijo. “You owe me big time’. Todavía estoy pagando esa pero cada vez que me los pongo, me siento como de show. Valió la pena pagar la extorsión de Martin.

Hace poco llevé al zapatero unos Louboutins que adoro, what else is new, a cambiarle las tapitas. Entre una cosa y otra pasó un mes. Un sábado al recogerlos me percaté el balance era un poco más de lo usual. Al preguntar al zapatero, me explicó la suela estaba gastada y las había cambiado.

WTF ¡mis suelas ROJAS! Ahí, de frente y como a gritos mis hermosos Louboutins con ¡¡¡un par de suelas de goma GOODYEAR!!!

Muda y apunto de cometer un asesinato regresé al carro. Llorando, rabiosa e indignada ante semejante barrabasada, llamé a Martin.

“Esta bestia ha destruído mis animal print  de Louboutin, mis zapatos favoritos”, le dije con voz temblorosa. Y él con su santa paciencia, una vez más en su vida me dijo, “Mom, todos tus zapatos son tus favoritos”.

¡Qué graciosito! “No llores más”, siguió, “me los mandas Fedex y te los llevo al Leather Spa”.

Así mis Louboutins se fueron camino a NYC en busca de un milagro. Una vez más, Martin se veía en otra situación difícil gracias a mi pasión por los zapatos.

Luego de ver desmayarse a los zapateros cuando abrieron la caja de Fedex, me llamó para decirme, “Mom, no te preocupes. Me dicen nunca habían visto un desastre tan grande pero confía, te van a resolver”.

Hace poco los recibí de vuelta. Hicieron un milagrito, la suela no dice Louboutin y carece de su autógrafo como las originales, pero es roja y no dice “GOODYEAR”.

Gracias, Martin. I LOVE YOU!






martes, 9 de noviembre de 2010

El tiempo no perdona.

Una tarde, Mami, muy triste, me contó habían diagnosticado cáncer a la que fue “flower girl” en su boda. Sucedió durante mi adolescencia y me impactó muchísimo lo afectada que quedó mi familia ante esta noticia.

Lo que no olvido fue el detalle que el esposo y los padres de la enferma habían cubierto todos los espejos de la casa. No entendía. Me parecía extraño y cruel.

Con el atrevimiento que siempre me ha caracterizado, pregunté porque habían hecho eso. “Nena, es que ella era preciosa y la casa estaba llena de espejos”, explicó Mami. “Está muy desmejorada, la cortisona la tiene bien hinchada y quieren evitarle vea reflejado su deterioro”.

Sentía era injusto a esta mujer tan joven tuvieran que tapiarle sus espejos. Era como de novela mexicana. Me pareció horroroso.

Otro día Mami y sus hermanas, inseparables las tres al día de hoy, hablaban como cierta mujer de la sociedad de San Juan se “conservaba tan bien”. Yo, que la conocía imprudentemente abrí la boqueta y dije, “Es que es jamona y no pasa malos ratos porque ni hijos tiene”.

Luego de haberme ganado un pellizco, de los que te llevan el pedazo, siguieron cuchicheando del tema y concluyeron, “No es lo bien que se conserva, es que como siempre fue fea, ahora ya no se ve tan mal”. Salí corriendo muerta de la risa antes que me dieran otro pellizco por escuchar detrás de las puertas.

Ambas historias quedaron dormidas en mi memoria hasta el día de ayer.

Mi socio Rafa llevaba par de días preparando un video para una reunión familiar. Entre tantas fotos encontró varias de cuando iniciamos nuestra amistad. Empezó a compartirlas conmigo via su I Phone, el juguete nuevo porque enterró la blackberry.

Fotos en galas, fotos en este coctél, fotos más fotos y dale que dale. Unas tomadas por Chino de El Nuevo Día, otras por Iván Batista….en fin, “down memory lane”. A mi no me daba gracia ver los varios looks de pelo, ropa y maquillajes, unos más acertados que otros.

Aunque no lo decía, analizaba cada foto como con lupa. ¡Dios mío como ha pasado el tiempo! No fue hasta ayer que Rafa apareció en la ofi con una foto de los dos. Mi staff, a gritos peleándose por quien la veía primero. “Yo”, les dije.

Ante mis ojos tenía una foto de hace 15 años. Enmudecí. “Coño, que bien me veía”, pensé. Lo que seguió después fue un tsunami emocional.

¿Qué rayos pasó? ¿Será posible la vida me haya castigado tanto? Creo que hasta temblé.

Las chicas me arrebataron la foto y gritaron al unísono, “Tilde ¡que bella tu eras!” En ese mismo instante me quise morir.

Indignada, les arrebaté la foto y recuperando algo de mi dignidad vociferé, “Ok, esto mismo es lo que les espera a ustedes en 15 años”.

De pronto y como si un mismísimo flash me hubiera caído del cielo, recordé detalladamente aquellas historias que Mami me había hecho.

Es verdad, no estoy enferma y a Dios, doy mil gracias. Tengo un hijo y he pasado malos ratos, pero muchos más han sido los buenos.

Entonces, ¿por qué salí corriendo hacia casa a tapar todos los espejos?