domingo, 21 de octubre de 2012
Tilde's Two Cents: Momento de adiós.
Tilde's Two Cents: Momento de adiós.: Corrían tiempos de universitaria, más bien mi primer año, cuando le conocí. Como siempre se crean los grupetes – una amiga lleva ...
Momento de adiós.
Corrían tiempos de universitaria, más bien mi primer año,
cuando le conocí. Como siempre se crean los grupetes – una amiga lleva a otra,
los chicos añaden sus panas y cuando vienes a ver y como por arte de magia, se
ha creado una pandilla.
Juntos siempre de fiesta, épocas sin grandes
responsabilidades, llenos de esperanza y vivencias inolvidables. Luego, mi
partida a continuar estudios en España y solo compartiendo en vacaciones a mi
regreso entre curso y curso.
Por ley de vida, se inició la desbandada…..unos casados,
otros solteros empedernidos pero siempre reencuentros fragmentados. Nunca
volvimos a estar todos juntos.
Recuerdo cuando surgió la noticia de mi boda, este amigo –
al que me refiero – me dijo – “Te casas con ese porque le salvé la vida. Se iba
a caer una noche por la ventana del dorm”. Se refería al padre de mi hijo.
Luego, en otro encuentro ya yo divorciada me dijo - “ Debí haber dejado que se
cayera. Es más, debí haberle empujado”. Así era mi amigo Eddie Pujals.
Esta semana Dios se lo llevó como siempre, de sorpresa.
Nunca estamos listos para decir adiós a los que queremos.
Nunca estamos listos para decir adiós a los que queremos.
Mientras mi vida transcurría por esos mundos de Dios, su
amistad con mi padre se transformaba de una de negocios a una simbiótica. Eran
muy parecidos – chistosos, geniales, “raconteurs” por excelencia, de una
calidad humana especial y sobretodo, incondicionales.
Con el continuo pasar de los años y luego de despedirse de
Papi como bien dijo – “Antes que Gonzalo pierda la memoria” – se hizo muy
cercano a mi hermano Gonzalo. Sus desayunos diarios en Kasalta y lo más
extensos cada domingo, abrieron una serie de confidencias sobre política,
historias de sociedad que gracias a la memoria fantástica de Eddie se adornaban
de detalles que ya no disfrutaremos.
Y como la vida está llena de sorpresas, llevaba toda la vida
casado con una compañera mía, de esas de siempre. Maribel es de las
“santas” de mi curso. No de las diablas como yo. Mira por donde, mi amigo
diablito vivió feliz un matrimonio con una “nena buena”. En ese balance
perfecto crearon su familia – estable, normal, esa que el exilio cubano le había
arrebatado a Eddie en su infancia.
Hoy te digo adiós. Fuiste parte de mi familia. Ya no te veré
en Kasalta donde siempre tenías la habilidad de decirme una barbaridad
diferente.
Entraré y te buscaré para no encontrarte. Gonzalo no podrá ponerme al día con noticias llenas de tu insumo. Esto se acabó. Viviremos de tu recuerdo. Se me caen las lágrimas. ¡Adiós, mi querido Eddie!
Entraré y te buscaré para no encontrarte. Gonzalo no podrá ponerme al día con noticias llenas de tu insumo. Esto se acabó. Viviremos de tu recuerdo. Se me caen las lágrimas. ¡Adiós, mi querido Eddie!
domingo, 14 de octubre de 2012
Huyendo o al menos tratando
Visitando el nuevo penthouse de unos amigos confirmé lo
mucho que me gusta escapar. Si, de mi realidad. Por un momento pensé estaba en
NYC mirando “down 5th Avenue”.
Montarme en un avión, que como isleña debería ser mi línea
directa de escape, no satisface mi sed de huir. ¡Quiero hacerlo al menos tres
veces al día! Digo, al menos yo.
Disfrutando de la música de Pandora, la misma estación que
escuchan en ese momento los que habitan Roma, entro de “shopping” a Net-a-Porter
y observo boquiabierta que compran las chic de Qatar – ¿la jequesa? – o las de
Londres - ¿será la mismísima Kate Middleton? – mientras esta curita en Boricualandia
ordena unos hermosos “gatitos” de Charlotte Olympia. ¿Quién dice no nos movemos
en el mismo círculo?
Y mientras dilucido si ver a Tony Bennet en San Juan en
diciembre, quedo muda al ver fotos que incesantemente mis amigos
postean directito del concierto de la Streisand en Brooklyn. ¿En cuántos sitios
puedo estar de una vez?
Justo en ese momento…con dedo en tecla “Send” para mi orden virtual – igual que
mis amigas la Jequesa y Kate, me interrupe la llamada de mi travel partner que pide
entre “rush” al restaurante en Viena donde cenar en despedida de año.
¿En que parte del globo me encuentro? Estoy desorientada…estoy
perdida…bien confundida…
Mientras desde la pantalla de mi ordenador me confronta arrogante
un Aedes aegypti…¡Ay coño, busca el Raid! Tilde, estás en San Juan.
domingo, 7 de octubre de 2012
Una cosa es la que pienso, otra la que me pasa.
Recuerdo el Baby Ballet. Era un segundo piso en la Avenida
de Diego, cerca del Hospital Municipal. Cierro los ojos y me parece escuchar el
particular tap tap de las alumnas en clase, la maestra dando instrucciones - "Punta,
talón, punta, talón”. Mientras, las mamás visualizando sus nenas como prima
ballerinas. Es decir todas, menos la mía.
Lillian estuvo clara desde el principio. A mí, no se me daba
el ballet. Mientras los brazos tenían que ir hacia la derecha, los míos a la
izquierda. Si la cabeza hacia arriba, la mía en dirección opuesta. Las clases
seguían cada sábado pues eran parte obligada del curriculum de toda niña fina.
“Es bueno para la postura y disciplina”, insistía mi abuela.
A mi, honestamente, me imporataba un bledo. Me encantaba
ponerme el uniforme rosadito, cargar mi maleta con las zapatillas Capezio, y lo
mejor, el “blackout” que me tomaba al final de la clase en la cafeteria del
primer piso.
Ante el descubrimiento de la ausencia de talento absoluta en
el tema plies y arabesques, segunda o tercera posición, decidieron las
autoridades familiares que a mí tal vez se me darían mejor “los españoles”.
Ahora al taconeo y castañuelas, dejando atrás Santurce por
el Viejo San Juan. Aquí la maestra carecía de la parejería o altanería de la
“ballet mistress” sustituído por una pasión gitana que me alucinaba. Aquello de
contonearse, subirse la falda y dar rienda a las emociones me pareció “right up
my alley”. “Esto es otra cosa”, pensé.
Pero mis dedos quedaban tiesos con las castañuelas y los
brazos carecían una vez más de ir en la dirección indicada. Luego de mi primer y
último recital, claro yo en la fila de atrás, me quedé con el más hermoso traje de
volantes azulmarino y bolero en oro lentejuelado. Debut y despedida. La peineta
y los claveles terminaron engavetados ante mi falta de talento, una vez más.
Y pasaron los años….cuando ante un inminente viaje a la
Feria de Abril en Sevilla, decidí burlar mi pasado y dar rienda suelta a la
pasión gitana bajo maestra privada. Pensé la disciplina y tesón de mi adultez
podían dar al traste con la ausencia de talento de una infancia olvidada.
Si una practica, repite hasta la saciedad y se lo propone,
todo se logra. Wrong!!!!!!! Mis brazos continuaron en dirección opuesta y las
vueltas me dejaron tan mareada como trompo. En fin, que esta nena ni tuvo ni
tendrá talento para el baile. Aceptado, porque una cosa es la que pienso, otra
la que me pasa.
domingo, 30 de septiembre de 2012
Tilde's Two Cents: Reflejo
Tilde's Two Cents: Reflejo: Recuerdo cuando en reuniones familiares – esas de rigor dominguero y hoy en extinción – los mayores comentaban el parecido de los...
Reflejo
Recuerdo cuando en reuniones familiares – esas de rigor
dominguero y hoy en extinción – los mayores comentaban el parecido de los
pequeñajos al tío más cual o requintada a la hermana de un tatarabuelo. No solo
en lo físico, también en el carácter porque de esas lenguas no se salvaba la
parentela viva ni la que dormía el sueño de los justos en el panteón familiar
en Santa Magdalena de Pacis.
Esta costumbre para mi era una tortura porque yo no quería
parecerme a nadie. Quería ser diferente a todos los que me rodeaban y me
asustaba la intensidad con que me molestaba. En especial resentía a una prima
de mi abuelo que se jactaba, la muy bruja, cada domingo al decirme que aunque
me parecía a ella, nunca sería igual de bonita. ¡Que ganas de jorobarme!
Con el pasar de los años y especialmente, al convertirme
en madre, descubrí que me estaba poniendo como mis parientes. Fijaba
detenidamente la mirada en mi hijo Martín y podía identificar inequívocamente
que era del lado de su padre, por supuesto los defectos, y cuales Córdova
Santini en infinidad de atributos.
El tiempo siguió su curso y años más tarde me pillé
expandiendo las malas costumbres que había criticado fervorosamente. Me convertí en toda una doña, una de esas que siempre buscan parecidos en la
muchachería y sin querer queriendo, escuché molesta cuando de mi boca salió el
primer - “pero ese será del lechero porque a ¿quién rayos salió?”.
Hace unos días miraba a mi hermano Gonzalo y desde mi
corazón le dije - “que mucho te pareces a nuestro abuelo Santini”. Como ves, ya
soy mayor. Repito cada día más este y muchos otros comportamientos que
criticaba sin piedad en los mayores de mi familia.
Aquellos hábitos que encontraba despreciables se me
salen sin querer, y lo peor es que al darme cuenta no siento verguenza, al
contrario, me recomforta sentirme parte de un proceso genético.
Pero la otra mañana, mientras me lavaba la cara, al
levantar la mirada no me encontré, me topé frente a frente con Mami pero las
manos con que la toqué no eran de ella, eran Córdova ¡El reflejo era yo!
No pude escapar de ellos…porque mira que tanto nadar, para morir en la orilla.
domingo, 23 de septiembre de 2012
Tilde's Two Cents: Bienvenida la enajenación
Tilde's Two Cents: Bienvenida la enajenación: Cada uno tiene su cosita. Buscamos un momento para encontrar un poco de paz. ¡Esto suena tan clichoso! Pero como dicen varios por...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)